12/7/08

Mientras dormías

No sé si recordarás a una actriz que se llamaba Sandra Bullock. Allá por los 90 era una garantía en la taquilla, la comparaban con Audrey Hepburn, lo mismo servía para un roto que para un descosido y lo mismo te hacía una de acción como Speed o una comedia como Mientras dormías.
Mientras dormías era una cursilada insoportable y muy mal escrita. Te pedía tal suspensión de incredulidad para aceptar los que sucedía que estaba al borde de lo inconcebible. Y, sin embargo, gracias a ella, la cosa salió adelante.
Algunos recuerdan haberla visto pasar por Crash y los que la odian señalan Miss Agente Especial y Miss Agente Especial 2.
Qué poca cosa somos.

10/7/08

El viaje de nuestra vida

No es ni mejor ni peor que otras muchas road movies por el estilo.
Siempre se me han puesto los pelos como escarpias cuando desbordan los halagos hacia aquel ladrillazo con que David Lynch nos regaló la mirada y que se titulaba Una historia verdadera.
El viaje de nuestra vida no es la repera porque la cosa está muy vista.
El viaje de nuestra vida es incluso mejor que Ahora o nunca.
Cambias a los dos maduritos que son Jack Nicholson y Morgan Freeman, por tres actrices maduritas que son Jessica Lange, Kathy Bates y Joan Allen y sales ganando: por número, por belleza, por calidad interpretativa y, posiblemente, por peso.
Además, mientras ellos no hacían más que el panoli, ellas son tres mormonas con su gracia.
No haré nada por ver de nuevo El viaje de nuestra vida aunque si me la topo la soportaré con caballerosidad por respeto a la veteranía y las canas. Pero de Una historia verdadera huiré lo antes posible sin pararme en reflexiones.

8/7/08

Las múltiples muertes de Emily Sloane

Acepto, porque lo dijo John Ford, que ciertas incongruencias son necesarias para que la película siga adelante. Le preguntaron por qué los indios no disparaban a los caballos en La diligencia y respondió:
-Porque se me habría acabado la película.
Lo dijo John Ford. Punto.
Ahora bien. Lo de Emily Sloane en Alias es excesivo. En un par de temporadas la mataban hasta tres veces. Verla resucitada era ya tan natural como ver los títulos de crédito. La pobre Amy Irving estaba ahí para sacar a los guionistas de apuros siempre que fuera necesario.
La tercera vez que la mataban, además, era una tomadura de pelo. En un jardín se montaba un tiroteo con agentes de élite y sólo conseguían alcanzarle a ella que, por otra parte, ni pinchaba ni cortaba.
La serie debía continuar, sí. Pero otro recurso que no fuese el de muerte-resurrección es posible que lo hubiese hecho menos inverosímil.
Algún día hablaré de Marshall. Ése sí que me encandilaba.

7/7/08

American gangster

Se ve que a los americanos les encanta el cine de mafiosos. Da igual lo que les eches porque se lo comen. Es lo único que se me ocurre para explicar el éxito de la última mediocridad del hermano de Tony Scott.
No fui a verla al cine porque estaba bastante harto de que el hermano mayor de los Scott me estafara. Luego, sorprendido por el éxito de público (¡y crítica!) llegué a pensar que quizá había recuperado su inspiración y se hallaba en pleno proceso creador, como en sus inicios.
Después de contemplarla en DVD me deja encogido de hombros. Están ahí Denzel Washington y Russell Crowe que son, con mucho, lo que aporta aliento a la película. Pero nada más.
Tal y como yo lo veo se trata de dos impresentables (mafioso y policía) que acaban uniéndose para trincar a los impresentables corruptos de la policía. La dirección se encarga de manipularnos para que, a la postre, el policía impresentable nos caiga muy bien y el mafioso impresentable nos caiga relativamente bien.
En confianza: creo que el tío quería un Oscar mediante el mismo procedimiento de Scorsese. Y probó a ver si sonaba la flauta.

5/7/08

Esencia de mujer

Tenía un recuerdo vago pero satisfactorio de esta película. Hoy día me dejó indiferente.
Al Pacino, como siempre que sobreactúa, pierde credibilidad.
Lo que realmente sobra, porque está trillado, visto, desgastado y reproducido medio millón de veces es el discurso final. Curiosamente recordaba el discurso como algo original. Pero no, es la escena del tango lo que tiene algún valor. La llegada de Al Pacino al colegio, el peculiar tribunal, las amonestaciones del profesor y hasta las interrupciones de los diálogos en los momentos oportunos, resulta tan forzado, tan manipulado, que es como otra garantía de la vacuidad evidente de las palabras finales.
Y por más que el ciego provocador truene y diga tacos, no hay nada verdaderamente trascendente.
Me sirvió para ver cómo eran por aquel entonces Chris O'Donnell y Philip Seymour Hoffman, un par de chavalines en los que ya se podía adivinar que uno no tenía tablas y el otro sí. Y, además, estaba alguien que no me esperaba: Bradley Whitford. Éste sí que se conserva bastante bien (o igual es que antes ya estaba un poquito desmejorado).

4/7/08

Los cuadernos de Henry Fool

Lo mejor de las películas de espías es lo impredecible de sus guiones.
Lo mejor de Hal Hartley es que es impredecible.
Por tanto una película de espías de Hal Hartley es lo mejor.
Ya sé que es un falso silogismo pero a mí me sirve porque me lo he pasado pipa con Fay Grim. Puede ser porque llevaba un mes esperando a verla y ya había perdido toda esperanza.
La cosa es que logra ser una peli de espías al mismo tiempo que las parodia.
Hablaba de muescas en la memoria antes de verla así que menciono algunas: el tiroteo fotográfico en las escaleras, el entablillado de un brazo con una percha y las tertulias de espías americanos, rusos, israelíes, árabes hasta acabar en esa furgoneta.
Por cierto: enorme derroche de dinero y efectos especiales en esa furgoneta. Hal Hartley se está desmelenando.

3/7/08

Las Crónicas de Narnia: El príncipe Caspian

Fui a la primera sesión pensando que habría poca gente, sin recordar que todos los enanos del mundo (narniano o humano) han acabado las clases. Me situé en la última fila para poder contemplar la peli sin excesivas intromisiones.
Sólo un chavalín, absolutamente flipado, molestaba de cuando en cuando. El tío quería saber de inmediato quiénes eran buenos y malos. Y eso, en Narnia, es difícil. Es un papel reservado a Aslan, entre otras cosas porque ésta peli no tiene tanto de bíblico como la primera y sí más de ético y existencial.
Dos horas y media que se pasaron con pasmosa agilidad. Y eso que, en su primera mitad apenas hay acción.
Dos golpes de humor que no tienen desperdicio e hicieron estallar a todo el mundo en carcajadas: el gato del castillo y Lucy, sola, al otro lado del puente, con su cuchillito, haciendo frente a todo un ejército.
Creo que, de nuevo, Narnia es gran cine para pequeños: de ése que te hace querer ver más cine, que te engancha para siempre.