
La pareja dicotómica de policías, poli pijo y poli macarra, poli parisino y poli de los suburbios, habría funcionado bien de no ser porque en ningún momento nos los creemos como polis.
Los levísimos toques de drama que se nos muestran habrían tenido algún sentido si supiésemos a qué vienen.
Y, como son franceses, su crítica política habría estado bien de no ser porque se pone del lado de la casta política.
En cuanto a la realización, habría estado bien hace 30 años.
Preferí arriesgarme con esta peli antes que con Una bala en la cabeza de Stallone. Pero ya se sabe que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.
Mala. Muy mala.
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