Me
gustan mucho las obras en las que los guionistas saben encontrar un
nuevo ambiente, una etnografía peculiar. Es un pueblo pesquero al
que reasientan cada cierto tiempo. Gente anclada a una tradición que
no puede quedarse en sus casas por que los reubican cada pocos años.
Una tradición sin tradición espacial. Y ahora pescan hielo de
iceberg para fabricar vodka. Su memoria es la de los muertos que han
dejado en otro sitio.
Y
tal vez hay un monstruo bajo el agua. Bienvenido a Snook’s Arm,
Terranova.
Sí:
me ha gustado mucho. El primer episodio está logradísimo. Creación
de la atmósfera, presentación de personajes, situación general…
Pueblo pesquero sin esperanza, viviendo de pequeñas alegrías, día
a día.
Decepcionará
al que busque una serie de terror. Veamos: ¿qué hacemos con ese
final? Me descolocó. Es raro que una serie termine de un modo tan
felizmente redondo. Descubrimos de repente que se trata de una
fábula, un cuento acerca de la unidad familiar, los amigos, la
comunidad.
Pero
es que la serie, para llegar ahí, ha atravesado cosas muy turbias.
Si alguien llama Madre a un monstruo no dudes de que algo falla en su
cabeza. Y si unos científicos anteponen el conocimiento a la cordura sal por patas. Tiene escenas potentes, planos muy pensados.
Sé
lo que me vas a decir: juegan a despistar con el flamenco, la bruja,
la enfermedad del hielo y otras cositas raras que pasan en Snook’s
Arm. Puede, no
digo que sea perfecta, pero
el drama y los personajes están muy bien construidos y
desarrollados.
Reconozco
que tengo mis dudas con ese final tan satisfactorio. Pero no voy a
descalificar el recorrido entero ni su tono ecológico ni que sea una
de las pocas series con final feliz.
La
travesía me interesó,
no cayó
en baches de ritmo y casi todos los personajes me gustaron.
Personalmente habría suprimido la trama del hijo liado con los dos
delincuentes.
Por
lo demás muy bien. Insisto: si vas esperando el monstruo ancestral
modelo Lovecraft
esto no es para ti.






