En Estados Unidos la han mandado
directamente al DVD, no porque sea mala, si no porque Mel Gibson no
genera confianza después de las últimas alegrías
mediáticas de las que ha sido protagonista. Quizá aquí se estrene en cines,
pero como es poco probable, he decidido arriesgarme a comentarla. Quizá más
adelante tenga que rectificar el título.
Tiene muchas cosas positivas. Ese comienzo
con la persecución junto al muro fronterizo México-USA, el sorprendente,
hiperrealista y estremecedor retrato de la prisión de El pueblito, un Mel Gibson en su salsa...
Pero me llamó la atención por sus
contrastes. Quedar preso en El pueblito
no es para todo el mundo. En realidad, sólo unos pocos elegidos (por desgracia
para ellos) pueden sobrevivir allí. La mayoría de nosotros, tú y yo, no
pasaríamos de las primeras 12 horas. Tirando a ser optimista. Porque eso no es
una cárcel. Es un Estado dentro del Estado gobernado por una jerarquía de
mafias. La puñetera locura.
Así que, claro, hay escenas fuertes,
torturas, unos malos tan desequilibrados como depravados y una corrupción que
bordea lo surrealista. Y, en contraste, secuencias tan divertidas como ese plan
rocambolesco de Gibson, imitando la voz de Clint Eastwood (perfecto)
y enredando a Peter Stormare. Granadas y un paraguas. Graciosísimo.
Gran parte de la película es un documental sobre la vida en la prisión
más demencial del mundo. Hasta que ves la que está liando nuestro protagonista
y se desencadenan los tiroteos en cámara lenta.
Bastante entretenida.
Esta es otra serie de Joss Whedon que
no triunfó. Al igual que Firefly,
en mi opinión, mereció mejor fortuna. Dollhouse
duró dos temporadas y, por suerte, supieron cerrarla apropiadamente.
Casa de muñecas. Un lugar en el que se
despoja a la gente de su memoria. ¿Para qué? Para reemplazar sus recuerdos por
lo que tú necesites: un espía, una prostituta, asesino en serie, investigador,
negociador en secuestros... O por ti mismo, cuando mueres, instalado en un
nuevo cuerpo. Echo es la activa número 1. Lo supo Alpha desde que la vio.
Algunos personajes no funcionan. Como Paul,
cambiando de agente del FBI a trabajar para Dollhouse por una buena causa.
Inverosímil. O Adelle, la mayor perra del planeta convirtiéndose en una guía
para los desamparados. Improbable.
Pero lo autoconclusivo funciona bien junto al
arco argumental general, avanzando imparable hacia la conclusión lógica: el
apocalipsis de una sociedad en la que unos son los recipientes de los otros.
A ratos sugerente, intenta averiguar si
somos nuestra memoria o lo que hacemos. O aquello que queda, en lo más
profundo, por muchas veces que te borren, como ese amor de Víctor por Sierra.
-¿Me he quedado dormida?
-Sólo un ratito.
-¿Puedo irme ya?
-Si quieres...
Algo más que discos duros.
A su modo comercial, me ha parecido una peli
arriesgada.
Estos Hombres de Negro dan forma a una peli
de acción sin mucha acción y una comedia que mide mucho la carcajada. Es una buddy movie en la que los agentes
colegas le dan muchas vueltas a su relación de amistad. Y eso se parece mucho a
un drama.
Arriesgada.
J (Will Smith) se plantea por qué K (Tommy
Lee Jones) es como es. Y K sigue siendo el tío seco y de sentimientos
silenciados que no suelta prenda. J tendrá que viajar en el tiempo, una
historia muy bien tramada, que le llevará a los años 60. Allí K es Josh
Brolin, con poses de Don Draper y la seguridad que le da un mundo que
parece abierto a la esperanza. Y sabremos qué le pasó a K e, incluso, al propio
J. Muy buen final.
Dicho esto, la peli no es lo que uno espera.
No es la comedia loca y sorprendente que fue la 1. Y tampoco el ladrillo
infumable que fue la 2. Así que no es fácil de recomendar.
Emma Thompson
es O. Impagable su discurso por la muerte Z.
He olvidado quién me puso en la pista de
esta película.
Sobradísima.
Pasadísima de vueltas.
Una venganza visceral e intelectual,
sangrienta y neuronal, animal y racional, contra el mundo del famoseo, la
estupidez de los medios, la tele-basura, el amarillismo, la falta de educación,
Disneylandia, Diablo Cody, los que dicen namasté, los fans de Crepúsculo... Salvaje, loca,
radicalmente furiosa.
Y, vestida con los tonos de la road movie, la aparente comedia, va
tejiendo el drama, la tragedia, de toda una sociedad incapaz de tener una
conversación que no gire sobre la última chorrada de youtube, la última parida
que alguien twiteó, la última tontada que salió en una pantalla.
Frank, cuarentón, emprende la cruzada.
Empezando por liquidar a una adolescente pija que arrasa en los medios. Y a
Frank se le une Roxy, una quinceañera que conecta con sus ideas. Juntos
emprenderán la lucha (Bonnye and Clyde)
contra la frivolidad, la falta de pudor, el encumbramiento de la mediocridad.
Con pistolas, puñales o AK-47. Lo que tengan a mano.
-¿Para qué queremos una civilización si ya
no queremos ser civilizados?
La meta: arrasar con American Superstarz.
Tiene fallos. El ritmo se quiebra por su
afán didáctico y, en cierto sentido, moralizante. Pero tiene momentos
eléctricos que te sacuden. Sin embargo, su principal problema es que lo que
cuenta es verdad.
Tal vez una causa digna por la que morir.
Tras haber leído muchas críticas, en general
poco halagüeñas, me sentí decepcionado. Tras haber preguntado a algún/a fan acérrimo,
descubrí que no la defendían y que, incluso, alguna que otra peguilla se le
podía poner.
-Pero es Tim Burton, ¿eh? -me decían,
compungidos, como advirtiéndome (¿amenazándome?) de que no debía machacarla
demasiado cuando hablase de ella-.
Así que dejé que el tiempo pasara, sin mucha
prisa por enfrentarme al último producto burtoniano.
Y, al fin, la vi y me pareció espectacular.
Eso sí: es una pena que sólo dure 10
minutos.
Y, como sólo dura 10 minutos, para
estrenarla en cines, añadieron 100 minutos más de otra película muy cochambrosa
y muy rara. Imagino que escogieron este añadido porque actuaban también Johnny
Depp y Helena Bonham Carter. Además estaban Michelle Pfeiffer
y Chloë Grace Moretz, la cría esa a la que hay que seguir la pista.
Esta película yuxtapuesta vete tú a saber
quién la ha dirigido. Más allá de un par de chistes graciosos es una deriva sin
sentido hacia ninguna parte que debería haber quedado incinerada entre los
escombros de Collinswood.
Mansión con 200 habitaciones.
-Qué casa tan bonita...
-Una cabronada para el que la limpia, eso es
lo que es.
Y para el espectador que no abandonó la
butaca pasados los 10 minutos.
Este tipo de cosas me encantan.
Hay quien rueda dos horas de cine sin lograr transmitir ni una sola imagen original. Y hay quien, en un minuto, te deja encendida la mecha de la imaginación.
Cosas tan simples que uno se plantea por qué no se le ocurrieron antes a alguien. Cosas que, de puro sencillas, tienen un encanto fascinante.
Sólo necesitas un minuto.
La música, también, perfectamente adecuada.
Además, ideas así, cuestionan qué entendemos por cine, qué es lo importante en el cine: ¿interpretación?, ¿guión?, ¿montaje?. Desde luego presupuesto no hace falta mucho.
Me interesa mucho más la política estadounidense
que la española.
Quiero decir que ¿a quién le interesa lo que
puedan decir un tal Rajoy o un tal Rubalcaba, un tal Zapatero
o un tal Aznar? Pasan, se van y su carga histórica será la de algún
pobre doctorando que haga una tesis sobre ellos. Ninguna aportación nacional
(en economía hacen lo que diga Alemania) y mucho menos internacional (ninguno
de ellos sabe inglés).
Así que me descargué Game Change, sobre Sarah Palin, aun sabiendo que era una
visión sesgada de HBO.
Sarah Palin da miedo a mucha gente
porque usa un rifle y caza animales, la muy bestia. Creo que, en realidad, a
los intelectuales urbanitas lo que les escandaliza es que alguien pueda vivir
en Alaska. Porque si vives en Alaska es lo que haces: cazar. Si eres un
intelectual urbanita es lo que haces: ser un cenizo.
Y, como Sarah Palin da miedo,
prefieren verla con los ropajes cómicos de Tina Fey. Parece que eso
alivia un poco y que su rifle fuese de fogueo. La interpretación de Julianne
Moore me parece muy superior, por supuesto. Es un retrato que, falso o no,
trata de construir un personaje, no una caricatura.
Gerald Molen, republicano, está un
poco escamado con todo esto y ha decidido hacer su propia película sobre Obama.
A Molen no le preocupa que una señora dispare un rifle. Le preocupa que
un profesor de Derecho (Obama) jamás haya publicado un artículo. Pues
mira. A mí también. Me da mucho más miedo eso. Molen dice que será
objetivo.
No lo será, por supuesto. Pero, si lo miramos
fríamente, ¿no es cierto que Obama es un tío mucho más raro que Palin,
más caricaturizable, más misterioso?