En Crepúsculo,
Stephenie Meyer inició, alevosamente, un ataque sistemático contra el
género de terror. Tras pasar por sus manos, licántropos y vampiros quedaron
reducidos al más esquemático romanticismo baboso.
Pese a su éxito, pero insatisfecha (típico
de los psicópatas seriales), vuelca ahora sus fuerzas contra la
ciencia-ficción.
He leído muchos comentarios que hablan de la
relación con La invasión de los
ultracuerpos. Es una conexión propia del mal periodismo: espuria,
simplona, tópica. En realidad tiene mucha más relación con la serie Stargate, con sus goa'uld, sus jaffa y su Tok'ra.
Diversos modos en que una entidad alienígena entra en simbiosis con un cuerpo
humano. Sólo que en Stargate
estaba mejor contado.
Porque aquí todo ese rollo no sirve como
metáfora de nada. No es más que la satisfacción de una fantasía: morrearse con
dos tíos, con la mejor de las intenciones y porque hay que hacerlo. La mayor
chorrada argumental que he visto en mi vida. La gente en el cine se tronchaba
por no llorar.
Y el problema es que la idea no ha salido de
una adolescente hormonada en primavera. Es de una señora con cuarenta años.
Que se lo mire, por favor.
-Estamos perdiendo el control.
Estoy muy seguro de que Grandes esperanzas no se encuentra
entre mis novelas favoritas de Dickens. Pero estoy igualmente seguro de
que el personaje de la señorita Havisham es uno de mis preferidos.
Ahí, anclada perennemente en el día en que
fue plantada ante el altar. Inmersa en la contradicción de los sentimientos:
dispensando odio hacia los hombres, deseando que uno la hubiese desposado.
Y que sea Helena Bonham Carter quien le da vida (¿te acuerdas de La novia cadáver?), me parece un
acierto inmenso.
Pero... Por supuesto. Es un folletín y exige
una serie. Se nota, mucho, en el final. Atropellado, confuso, aturullado.
Funciona muy bien al comienzo: hay menos personajes y Newell los dibuja
con habilidad. Cuando los personajes se acumulan y hay que guiar hacia el final
tenemos un problema.
Una adaptación realista (poco que ver con el
póster en plan Lo que el viento se
llevó), disfrutable, pero poco perdurable.
Este es otro videojuego que, al convertirse
en imagen, tiene la decencia de ser entretenido.
No es el que el guión sea una joya o que el
reparto de gente conocida deslumbre. Pero sí se han molestado, al menos, en
rodarlo bien y con peleas imaginativas, con secuencias originales y momentos
espectaculares.
Lógicamente el premio es para esa pelea en
horizontal, correteando por los muros del precipicio, saltando de una vertiente
a otra, con aludes y todo. Por lo menos se han gastado la pasta razonablemente
bien.
De los múltiples juguetes de Hasbro, los G.I. Joe no estaban entre mis
favoritos. Ignoraba que los malos usasen nombres tan graciosos como Cobra o Zartan
y que los buenos, para no ser menos, se llamasen Snake Eyes, Lady Jaye o Jinx.
Vi la primera parte pero ya no me acordaba de que se llamaban así.
Bruce Willis es, simplemente, Joe.
-La razón por la que nos llamamos así.
Aunque tenga un poco alto el colesterol.
En cualquier caso me parece que la
nanotecnología debería aprovecharse mejor. No lo digo sólo por esta película.
La literatura ciberpunk tiene muchas cosas interesantes sobre ello y el cine no
ha explotado lo suficiente esta veta de la ciencia-ficción. Tratándola con
cierta seriedad, quiero decir.
1. Con Óscar siempre acabo hablando
de cosas importantes. 10 capítulos y una película de Arrested Development. Después de tanto tiempo tengo mis dudas.
Pero por mi parte les concedo, gustoso, la oportunidad.
2. Hoy estrenan Grandes Esperanzas. Después de todas las versiones que se han
hecho, después de que la presente versión esté en DVD en países
hispanohablantes, después de que se ofrezca en alta calidad por todo internet,
¿espera alguien una buena taquilla? ¿No habría sido más rentable estrenarla
hace 5 meses?
3. Con las series sí que empiezan a estar
más despiertos. Algunas se estrenan con pocos días de diferencia. Mistresses, curiosamente, lo hará un
mes antes en España que en Estados Unidos.
4. Sólo 3 días para el regreso del Doctor Who. Habrá muchos infartos
por la tensión generada, pero ha merecido la espera. Espero.
Las escenas de acción habrían estado
bastante bien si hubiésemos sabido qué es lo que pasaba, quién persigue a
quién, quién se pega con quién.
Los chistes, abundantes, recubiertos de una
excesiva verborrea, habrían sido muy divertidos si hubiesen tenido alguna
gracia.
La pareja dicotómica de policías, poli pijo
y poli macarra, poli parisino y poli de los suburbios, habría funcionado bien
de no ser porque en ningún momento nos los creemos como polis.
Los levísimos toques de drama que se nos
muestran habrían tenido algún sentido si supiésemos a qué vienen.
Y, como son franceses, su crítica política
habría estado bien de no ser porque se pone del lado de la casta política.
En cuanto a la realización, habría estado
bien hace 30 años.
Preferí arriesgarme con esta peli antes que
con Una bala en la cabeza de Stallone.
Pero ya se sabe que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.
Mala. Muy mala.
El
mejor amigo de un chico es su madre.
Ahora les da por contarnos el pasado de los
psicópatas. Primero el de Norman Bates y, en breve, el de Hannibal Lecter.
Cualquier día de estos les da por contarnos el de Darth Vader. Ah, no, para.
Que ese ya nos lo han contado.
Tiene algunas cosas positivas y eso ya es
más de lo que esperaba. Para empezar Freddie Highmore sí da cierto aire
a Anthony Perkins. En segundo lugar Vera Farmiga, siempre buena
actriz, logró sorprenderme en la secuencia de las puñaladas. Reconozco que no
me lo esperaba. La relación edípica entre madre (manipuladora) e hijo (confuso)
funciona muy bien.
Problema fundamental: no creo que esta serie
tenga fuelle para más de los 10 capítulos previstos. Y, si hay más, serán relleno.
En realidad el problema fundamental es que
uno no para de compararlo con Psicosis,
claro. Venga, a buscar guiños (escalera, bañera...)
Sea como sea, los vecinos de Bahía Pino
Blanco acaban de añadir un asesino a sus vidas. Suficiente para concederle una
oportunidad.
-Tenéis que ver esto, en serio.
La familia Croods es cavernícola y ha
logrado sobrevivir porque es bruta como ella sola. Pero ahora van a conocer a
Chico, un chico que prefiere usar el cerebro.
Curioso. Su humor se basa mucho en el slapstick, en el tortazo y tentetieso.
Aquí, ese tipo de humor que suele ser muy tonto, es enérgico, dinámico y hasta
inteligente. Como lo oyes: trompazos inteligentes. Véase el retrato de familia.
La película es arrolladora en su dinamismo,
una carrera imparable en la que hay suficiente espacio para que conozcamos a
los personajes y nos encariñemos con ellos, desde la abuela a la bebé pasando
por el hermano tonto.
Supongo que alguna de las secuencias (el
incendio involuntario que organizan) están inspiradas en la novela Crónicas del Pleistoceno. Por fin
Dreamworks hace algo que puede situarse a altura de Shrek.
Espectacular en su diseño y colorido, un
ritmo logradísimo, un clímax muy acertado y un final redondo:
-¡Hala! Tenéis que ver esto, en serio.