Creo
que el guión es excesivamente melodramático, pero también muy inteligente.
Porque quiere contar que el divorcio no es un problema de dos. Es un problema
para los hijos, para ambas familias, para toda la sociedad. La ruptura de una
unidad que repercute a escala global.
Es
melodramático porque la cantidad de acontecimientos lamentables que ocurren es
enorme. Es inteligente porque consigue colarnos toda esa enormidad con una precisión
lógica, inapelable, no contingente. Tenía que ser así.
Cine
iraní. No sé si es que no han descubierto cómo iluminar bien las películas,
pero a mí, en cuanto empiezo a verlas, me entra la angustia. Ese realismo tan
real, ese mundo tan agobiante, en el que la población vive afligida desde la
cuna hasta la caja de pino, me da yuyu.
Lo
de la mujer llamando por teléfono a la oficina de asuntos religiosos, para
averiguar si puede cambiar los pantalones orinados a un anciano con Alzheimer,
sería un chiste buenísimo en cualquier comedia de no ser porque es una trágica verdad.
Cosas como esa, tan de sentido común en nuestra civilización, te dejan tan
sacudido que no puedes hacer otra cosa sino sentirte agradecido por vivir donde
vives.
Me
gustó el inicio (un plano fijo en el que queda expuesto toda la trama) y me
encantó ese plano de la hija, llorando por dentro, en el asiento trasero del
coche.
No
me convencieron mucho los primeros capítulos. Pero pronto, Hank, ese poli un
poco presuntuoso, un poco cascarrabias, un poco gordo, desde su silla de
ruedas, saca a pasear toda su genialidad, toda su deducción, toda su intuición
y a todo su cuñado.
Y
las cosas se desmadran, que es lo que esperábamos de Breaking Bad.
Los últimos capítulos se convierten en pura tensión. Hay un problema: sabemos
que Walter White tiene que vivir. Pero, pese a todo, los hilos se tejen con habilidad
y, oye, seguimos adelante con la locura.
Lo
de Gus ajustándose la corbata después de la explosión de la bomba estaba de
más. Se pasaron. Varios pueblos. Me tronché. Pero fue demasiado.
Y,
ahora, pues nada, supongo que habrá que intentar levantar el negocio.
Otra
vez.
La
tercera temporada, en su conjunto, sigue siendo la mejor.
He
aquí otra película de dibujos animados que no es en absoluto para niños.
Indefiniblemente
triste, lánguida, casi dolorosa.
Personajes
ingenuos, sencillos, idealistas. Con síndrome de Peter Pan. Inadaptados.
Solitarios. Un mago que sabe que la magia no existe, un payaso triste, un
ventrílocuo que no tiene con quién hablar.
Menos
mal que está el personaje de la chica, funcionando como antídoto, capaz de
descubrir, en el amor, la magia que su mentor no le ha podido mostrar.
A
mucha gente le encanta Tati. Yo no
puedo con él. He visto, enteras, cosas suyas, pero me deja con una sensación de
desesperanza radical. No sé qué ve la gente en él. A sus películas las llaman
comedias, fíjate. Y Chomet, está
claro, es digno discípulo suyo.
Una
película para ver, única y exclusivamente, cuando estés de subidón.
Lo
que dije de Resident Evil tengo que reiterarlo con Los tres mosqueteros: no
son buenas películas pero a mí me gustan. Así que tengo que achacárselo a Paul W. S. Anderson.
La
historia es la de siempre. Pero el tío mete por ahí una batalla de barcos
voladores y unas peleas a espada bien filmadas, suficientes para hacer que, una
historia manoseada, resulte otra vez entretenida.
Peleas
bien filmadas: a la luz del día, nítidas, sin la cámara agitándose sin ton ni
son. A veces en cámara lenta para que veamos cómo ese tío sacude y corta con la
espada. Y Milady (Milla Jovovich) en
plan matrixero con modelito del XVII. Divertidísimo.
Orlando Bloom es el Duque de
Buckingham, Christoph Waltz es
Richelieu, Logan Lerman es
D'Artagnan. No es que aporten mucho pero tienen carisma.
Si
quieres pasar un buen rato (y olvidar enseguida) no está mal. Un juguete caro y
vistoso, como las joyas de la reina Ana.
Un
granjero de Iowa sigue una visión y una voz. Y construye un campo de béisbol en
su maizal para que jueguen los grandes jugadores ya fallecidos.
-Constrúyelo
y vendrá.
Muchas
veces, dentro de una película, los personajes dialogan y comentan que su
película favorita es El padrino. He visto El
padrino y, por tanto, lo entiendo. Creo que la segunda película más
citada es Campo de sueños. No la había visto, así que, cuando oí citarla
por enésima vez, me puse a ello.
Hay
un gran obstáculo: el béisbol. Ese deporte tan asumido por los americanos no
nos dice gran cosa por aquí. A mí no me dice nada.
Pero
la peli es buena. Porque, béisbol a parte, habla de los sueños, de perseguir lo
que queremos, de vencer obstáculos, de pelear por lo que creemos que debe ser
hecho.
Demasiado
sentimental, sobre todo al final. Pero en la línea de Frank Capra, con personajes sugerentes, un guión bien pensado, insólita
en muchos momentos. No es raro que en la tele aparezca James Stewart en El invisible Harvey o que se hagan
referencias a El mago de Oz. También se hace, por cierto, una referencia a El
padrino. Es una película fantasiosa, bonita, idealista. La cuestión es
que, pudiendo estar plagada de clichés, es original.
Arrasó
en Japón, la peli esta.
Lo
cual da una idea de lo distintos que somos de ellos.
Gantz es uno de esos productos que sólo puede
salir de una mente oriental.
Argumento:
gente que muere en un accidente es recuperada por Gantz, un tío que vive en una
bola negra. Gantz da un arma y un traje para luchar contra los marcianos que
invaden la tierra.
Si
consigues 100 puntos vuelves a la vida o escoges devolver la vida a alguien. De
momento nadie lo ha conseguido. Pero no se pierde nada por probar.
Me
ponen del hígado las historias en las que la gente, en vez de disparar al malo,
se quedan mirándole alelados. Y Gantz tiene demasiados de esos
momentos.
Está
bien rodada y el comienzo es bastante inquietante: qué hace la gente en la
sala, qué pasa con Gantz, quién es el listillo que parece saber ya el juego.
Una vez definido el cuento y, pese a alguna que otra trama secundaria
interesante, la cosa se desboca a los efectos especiales y el pim-pam-pum
característico. Con katanas futuristas y toda la pesca.
Digo:
se puede ser friqui, pero no tanto.
El
título inglés era Johhny English Reborn. Más que una traducción, en este caso
parece una mala lectura de alguien disléxico.
Sé
que hay mucha gente alérgica a Rowan
Atkinson y puedo entenderlo. Si tú eres uno de esos, abstente. Es más de lo
mismo: caretos y su gestualidad surrealista.
Yo
le he ido cogiendo el puntillo y lamento decir que me hace gracia. Me declaro
culpable. Aunque también debo decir que me gustó más el primer Johnny
English: se olvidaban del argumento y se centraban en los gags, que es
su punto fuerte. Aquí construyen una historia coherente de espías. A Ethan
Hunt y su Misión: Imposible le habría encantado tener esta historia en
sus manos. Es igual de inverosímil pero tomándosela a coña. Como debe de ser.
Y
me gustó que se atrevieran a realizar la última secuencia: ese placaje a esa
persona no tiene desperdicio.
-Siempre
me has interesado... clínicamente.