29/4/09

Thor

De entre las muchas películas de acción que se preparan, la de Thor me sorprende especialmente.
Se va a encargar de la dirección Kenneth Branagh.
Como lo oyes. Recoge los ojos, que se te han caído. A mí también me pasó, no tienes por qué avergonzarte.
Al principio, cuando vi el título Thor asociado a Kenneth Brannagh pensé que se trataría de realizar una película sobre la mitología escandinava, con todos los dioses, walkirias y vikingos pululando por ahí.
Pero ya tenía la oreja delante de la mosca y me adentré en las profundidades de imdb. Y no cabe duda. Thor es el cómic Thor, Thor el de Los Vengadores. Con guión de Jack Kirby y Stan Lee. No sé qué saldrá de ahí.

28/4/09

Ponyo en el acantilado (II)

Hay cosas de esta película que se me quedan muy grabadas.
Una de ellas es ese túnel. Cualquiera que haya visto El viaje de Chihiro entenderá el porqué.
Los directores de cine, y muy especialmente los orientales, tienden a autorreferenciarse. Citan a otras películas suyas, hacen guiños a su filmografía.
Cuando vi ese túnel fue como si un personaje de El viaje de Chihiro estuviese haciendo un cameo en Ponyo en el acantilado. Ponyo y Sosuke avanzan por el camino y se quedan perplejos ante lo que ven. Para los que sabemos lo que ese túnel significa, viene a ser como un mazazo.
El túnel es un espacio de oscuridad que es preciso atravesar para llegar a un nuevo mundo de magia donde los personajes van a descubrir, al fin, el sentido de su vida.
Y para que no quepan dudas, Sosuke, alter ego de Miyazaki, dice:
-Creo que ya he estado aquí.
Miyazaki sí que sabe citarse.

27/4/09

The International: Dinero en la sombra

Ahora, con la crisis económica, la gente está empezando a darse cuenta de lo malos que son los bancos. Naomi Watts y Clive Owen saben mucho más todavía. Saben cómo el IBBC actúa como intermediario en las ventas de armas de África y Oriente Medio para controlar la deuda.
Lo mejor, sin duda: ese tiroteo de casi 15 minutos en el Guggenheim de New York. Súbito, violento, adrenalínico. Estupendamente desarrollado y planificado.
Pero me gusta la idea de fondo. Las entidades financieras son tan poderosas que están por encima de la ley. Son intocables. Así, pues, ¿quién puede controlarlas?
La solución que ofrece la película me parece tan sugerente como inquietante.

26/4/09

La posada de Jamaica

-Nunca trabajes con niños, con animales o con Charles Laughton.
Eso dijo Hitchcock. Pero como los niños y los animales suelen estar bastante presentes en la vida cotidiana, tuvo que echar mano de ellos en algunas ocasiones.
Con Charles Laughton sólo trabajó en La posada de Jamaica. Y tuvo suficiente. Ya se sabe que Hitchcock tenía las películas preparadas en la cabeza desde antes de empezar a rodar. Planificación total. Y parece que Charles Laughton iba un poco a su aire, emborronando los planos, interpretando a su gusto las indicaciones del director.
La película es de 1939, aún de la época inglesa de Hitchcock. Todavía no tiene muy perfilado su estilo aunque está claro que lo de jugar con la cámara en escaleras y espacios reducidos empezaba a gustarle.
Maureen O'Hara hacía su primer papel protagonista. Para que digan que Hitchcock sólo descubría rubias. La fotografía en blanco y negro no daba para resaltar su pelo rojo. Pero ahí estaba.
Los extras de los DVD no suelen servir para nada. Los que tienen extras no cuentan nada interesante. Los que no los tienen, deberían tenerlos. Me habría gustado ver el making off de La posada de Jamaica para ver las discusiones entre Hitchcock y Laughton.
Eso sí habría sido una gran película.

25/4/09

25 kilates

Nunca he despreciado el cine de acción porque sé que no es nada fácil de hacer. Los críticos que emplean ese argumento, o no saben lo difícil que es o esconden cierta pedantería. Hay dos pruebas claras de que el cine de acción es difícil:
1. Hay pocas buenas películas de acción.
2. Si fuese fácil haríamos muchas en España.
25 kilates lo intenta. Y no me parece mal eso de intentar una película de género. Pero el cine de acción es difícil. Y no puedes sustituir la verdadera acción con tediosas charlas existenciales, fotografía deslucida y mucho movimiento de cámara en mano.
Quiero decir que en una película de acción tiene que haber acción. No es suficiente con rodar muchos ambientes sórdidos. Dura hora y media justa pero tarda una hora en presentar a todos los personajes y darles un plan. Se me hizo muy larga.
Ya digo que el intento me parece loable. Hay que hacer cine de acción en España. Porque es más difícil de lo que parece y, sobre todo, porque alguien tiene que empezar.

24/4/09

Ponyo en el acantilado

Al ver esta película de Miyazaki se me ocurren dos preguntas.
La primera es: ¿de qué planeta ha venido este señor?
Es un mago. Como Gandalf, como Dumbledore. Hace magia, nos hace soñar, es enormemente sabio y capaz de reírse de sí mismo. Y, encima, es de carne y hueso. Sí, sí. Aunque parezca increíble, Miyazaki existe.
La trama parece la de La Sirenita. Pero qué va. Miyazaki la adelanta por la derecha y por la izquierda, por arriba y por abajo. Y hablo de una película menor. No es Porco Rosso ni El viaje de Chihiro ni La princesa Mononoke. Va más en la línea de Mi vecino Totoro o Nicky, la aprendiz de bruja. Aún así, es muy superior. La imaginación sin restricciones. Sin predeterminaciones. Absolutamente libérrima.
Llena de encanto con giros de guión tan traviesos que te deja despeinado en la butaca.
La segunda pregunta se refiere a Lisa, la madre de Sosuke: ¿por qué no abandona la práctica de la enfermería y se dedica a pilotar coches de Fórmula 1?

23/4/09

Fresas salvajes

Había visto la película hace mucho, muchísimo tiempo. La vi antes de estar preparado para verla. Quizá no es lo más recomendable para introducirse en Ingmar Bergman pero, desde luego, es más asequible que El séptimo sello.
La recordaba con desazón. Obviamente, se me habían quedado grabadas en la mente todas esas escenas oníricas, los sueños del profesor Isak, cercano a la muerte, con la conciencia sacudiendo aldabonazos antes de que fuese demasiado tarde.
Volví a verla porque quería mostrar a unas cuantas personas la fuerza de algunas escenas: las calles vacías, los relojes sin agujas, el ataúd del que emerge una mano que cobra vida, la comida de comensales vestidos de blanco, el kafkiano examen de medicina...
Y, como era eso lo que iba buscando y recordaba, pude entretenerme en la otra parte, en la road movie, el viaje con la nuera y los jóvenes autoestopistas, la relación con el ama de llaves, la visita a la madre. Que es lo importante.
¿No es sorprendente lo satisfecho que siempre queda uno al revisitar los clásicos?