En la novela de Fitzgerald
la gente iba de juerga y se emborrachaba para olvidar el mundo real.
En el mundo real, en
cambio, la gente va de juerga y se emborracha para olvidar la película de Luhrmann.
¿Captar el espíritu? Ni
de coña. La primera parte de la novela describía fiesta tras fiesta hasta
que costaba seguir leyendo: vaciedad, embotamiento, nihilismo. En la película
es un musical divertidísimo.
La segunda parte de la
novela era el despertar y la tragedia. En la película es un aburrimiento.
Novela y película se
parecen tan poco que, en mi opinión, si Luhrmann le hubiese puesto otro
título, nadie habría podido acusarle de plagio. Parecerse sí, porque en cuanto
vemos una flapper pensamos en Fitzgerald.
De ahí el genio del escritor y el desacierto del director.
Una vez más Luhrman
vuelve a confundir decadencia y kitsch.
Ah, sí. Todo es muy
bonito (ese colorido pastelero tan característico del director) y los
intérpretes están geniales. Simplemente: no es Gatsby. Ni grande ni
pequeño.
E insisto: con otro título tal vez me habría parecido buena. Tal vez a ti te lo parezca. Si no has leído la novela, quizá la disfrutes.
1. Pensé que me habían hecho caso, pero no. Hoy se estrena Marea letal. Yo avisé. Ahora, tú mismo.
2. Silvester
Stallone (Sly para los amigos, que cada vez son menos), le preguntó
a Mel Gibson si quería dirigir Los
mercenarios 3. Ya te puedes imaginar la respuesta.
3. En Cómo conocí a vuestra madre ya se
conoce a la madre. Y se ha armado un revuelo. Como hace siglos que abandoné la
serie, pensé: ¿pero todavía no han
cancelado este rollo? A ver si dejan en paz a Josh Radnor y le dan
tiempo para dirigir, que es lo que sabe hacer bien.
4. A marchas forzadas
estoy tratando de ponerme al día con Arrow. Tantas críticas diferentes
me tenían desconcertado. Y ahora, mientras la veo y puedo opinar personalmente,
mis opiniones me tienen desconcertado.
5. Ya sé que prometí ir
a ver La mula, pero no he tenido valor. No me pagan lo suficiente.
Estéticamente está
cuidadísima.
Oportuna banda sonora,
tratamiento alucinante del sonido (el huevo cocido, el sacapuntas) y una
planificación exquisita (la cabellera de Nicole Kidman en transición
hacia la yerba de la pradera, el juego de la cámara sobre las cajas de
zapatos).
Hay muchas cosas como
las citadas para tratar de ofrecernos un homenaje, más o menos explícito, a Hitchcock.
En mi opinión se excede a la hora de insistir en lo bien que lo hace,
esforzándose en demostrarnos lo hábil que es. Pero eso es algo que extraña
menos viniendo de un director coreano.
Colores, ritmo (el
metrónomo, que casi nos indica la cadencia con que tenemos que visionar la
película), atmósfera opresiva pese a tanta luz, Mia Wasikowska... Muy
conseguido.
Y, sin embargo, le
falta algo. O le sobra. Le sobran explicaciones finales, el desvelamiento tan completo
del misterio. La sugerencia, lo que intuíamos, creo que habría sido mejor.
Una historia de
psicópata que viene firmada por Wentworth Miller (el hermano
espabiladillo de Prison Break)
pero que se habría quedado en poca cosa de no ser por la dirección de Park
Chan-wook.
1931. La ley seca ha
convertido al condado de Franklyn en un centro de destilerías clandestinas
esparcidas por las colinas. El agente Rakes (Guy Pearce) quiere su
parte. Shia La Beouf, Tom Hardy y Jason Clarke, los
hermanos Bondurant, no ven la necesidad de dársela. El primero está colado por
la hija del predicador, Mia Wasikowska, el segundo por Jessica
Chastain, antigua bailarina en Chicago.
Me gusta la idea de
desplazar la mirada. No se centra en Al Capone y los jaleos de Chicago.
Observa los pueblos, el lugar donde fabricaban aguardiente, el núcleo del que
surgía la rebelión.
Dirige
John Hillcoat, el de The Road.
Así que hay algunas
escenas bastante crudas, tirando a salvajes. Y, pese a todo, le falta algo de
garra, más profundidad dramática en los personajes.
Pese a todo me parece
una peli recomendable. Tanto por el reparto (hacía años que Guy Pearce
no realizaba un papel tan bueno) como por su perspectiva. Otra de esas
películas que, teniendo en cuenta la basura presente cada viernes en las
pantallas, no entiendo por qué no se ha estrenado.
Gary Oldman también hace un pequeño papel.
Ya lo he dicho más
veces, creo. Pero conviene insistir. Fred Armisen y Carrie Brownstein
son los terroristas más peligrosos que existen.
Año tras año sueltan
una tanda de capítulos de Portlandia. En ellos no dejan títere
con cabeza, arrasan cualquier idea políticamente correcta, dinamitan clichés
culturales y se emplean a fondo en la demolición de estupideces postmodernas
que nos hemos forjado.
Y el FBI les deja
seguir tan tranquilos. Los antiguos regímenes totalitarios sabían muy bien que
el peligro estaba más en los ideólogos que en las actividades. Y ponían en su
sitio a los que se pasaban de listos. Fred Armisen y Carrie
Brownstein, habrían acabado sus vidas en un campo de concentración, un gulag o la silla eléctrica. Que sigan sueltos significa otro triunfo para ellos, la prueba de
que hemos olvidado lo fundamental: que las ideas mandan.
Corrosivos sin
posibilidad de redención me tomo sus píldoras con calma, de tiempo en tiempo,
para evitar la sobredosis. Son los maestros del sarcasmo, ácido puro.
Ya conocíamos a las
feministas de la librería, pero la brutalidad con que se ensañan en la ideología
de género en esta temporada, fue una declaración de guerra.
Qué bestias. Bien por ellos.
Y lo mejor es que, quienes son sacudidos, ni se enteran. Y todavía hay gente andando por las calles, sintiéndose segura, sin saber que estos dos siguen sueltos.
Anda, que el cumpleaños
a la española de Nina...
40 terroristas
coreanos, con la traidora cooperación de dos agentes de los servicios secretos,
toman la Casa Blanca. Y Gerard Butler, que pasaba por allí, tiene que
hacer limpieza.
Los coreanos tienen
aviones, helicópteros, lanzacohetes y, en los primeros compases de la peli,
matan a gente a diestro y siniestro. Luego se lo montan tan mal que un sólo tío
puede con ellos y todo el armamento no sirve para nada porque tienen que acabar
la cosa a puñetazos.
Lo de siempre. Una
mezcla de La jungla de cristal
y Shooter: El tirador.
Entretenida mientras se ve. Es lo que tienen las balas a tutiplén. Pero
igualmente fácil de olvidar.
Radha Mitchell, Ashley Judd, Angela Bassett, Morgan
Freeman e incluso Aaron Eckart (el presi) están de adorno,
personajes con tan poca entidad como las falsas pantallas de ordenador del atrezzo. Me gustó, sobre todo, Melissa
Leo, la secretaria de defensa, una tía con un aplomo y coraje que es tan
falso como todo lo demás, pero que ella llena de intensidad como si se lo
tomase en serio.
-¡Juro mi lealtad a la bandera de los Estados Unidos
de América! -grita ella mientras la arrastran por el suelo-.
Con un par. Y un cubo
de palomitas en la mano.
1. Se editó la primera temporada de Black Mirror en DVD. De los tres
capítulos, sólo hay dos. Problemas de derechos musicales. Venga, ánimo, di a
quien se compró el DVD que no descargue el capítulo que falta.
2. Yo estaba muy contento con que Robert Downey
Jr. fuese Gepetto en Pinocho.
Además iba a dirigir Tim Burton. Parece que no. Algún descerebrado
piensa que el mejor sustituto es Ben Stiller. Yo no puedo imaginar uno
peor salvo Adam Sandler.
3. The
Fall se estrena el lunes. Me suena a otra policiaca del montón. Pero
son cinco capítulos y trabajan Scully y Kalinda, es decir, Gillian Anderson
y Archie Panjabi. Y, eso, merece una oportunidad.
4. Interstellar,
lo próximo de Nolan, tiene muy buena pinta. Un viaje a un agujero negro
con Michael Caine, Jessica Chastain y Anne Hathaway.
También está Matthew McConaughey por aquello de que nada es perfecto
5. Willy Toledo se exilia a Cuba. Enorme pérdida para el cine español.