7/6/06

Chicas guerreras III

Imagino que para degustar Azumi por completo es preciso poseer mentalidad oriental. Y, aunque uno no llegue a tanto, es fácil percibir la elegancia formal con que se nos presenta esta historia de venganza incierta. El doblaje es uno de esos que justifican la pena de muerte. Una vez que uno logra abstraerse de él, puede entrar de lleno a disfrutar cada una de las escenas para acabar exclamando como el malo de la peli: ¡Esta chica me encanta!. El director tiene que aprender a dominar sus descubrimientos técnicos para no repetirse (esa cámara de 360º girando de arriba abajo alrededor de un tablón). Pero efectos dramáticos como el del inicio (los 10 compañeros agrupándose con su mejor amigo) son momentos que no tienen desperdicio. Y el final, por supuesto, exagerado, desmedido, enormemente cruento y con un malo tan magnífico como colofón.

6/6/06

Chicas guerreras II

Kill Bill es una de esas películas que marcan la diferencia. Notas que estás ante un director que, como Hitchcock u Orson Welles, sabe lo que quiere. Nada de “ilumíname eso” o “pon la camara ahí” o “¿tenemos alguna escena de relleno?”. Planificación, ilumación, colores, vestuario, decorados, montaje, diálogos y música están colocadas en Kill Bill con premeditación y alevosía, consiguiendo justo lo que se pretende. Cada vez siento más reticencias hacia las películas que abusan de la hemoglobina. Pero Kill Bill la usa con humor, con inteligencia, con… primor. Supongo que Tarantino, si no se cuida, acabará cayendo en el derroche y dejará coágulos en la pantalla. Pero mientras sepa distinguir entre estética y morbo, cuenta con mi complacencia.

5/6/06

Chicas guerreras I

Dicen algunos que no les gustan las chicas peleonas en el cine, que se trata de un intento de inducir a las mujeres a actitudes que no les son propias, que la violencia es ajena a la feminidad. Y dicen otros que ya iba siendo hora de que las chicas se pusieran a repartir estopa, que qué era eso de que se quedasen mirando mientras al galán lo inflaban a mamporros, que se tenía que notar la igualdad de sexos también en eso. Como siempre, estas cosas me parecen un debate inútil. Lo importante es la calidad cinematográfica independientemente de la sexualidad, profesión o gustos gastronómicos del protagonista. Me quito el sombrero ante Kill Bill y Alien. Disfruto enormemente con Azumi. Tolero las confusas Elektra (del mismo modo que soporté Daredevil) y Resident Evil. No deberían haberse hecho nunca Tomb Raider, Aeon Flux y, por los resultados en EEUU, tampoco Ultraviolet, de próximo estreno. ¿Chicas guerreras? Como en todo, hay de todo.

4/6/06

Cumpliendo una promesa

Por si no estás puesto en el tema hay que decir que el supuesto autor de Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket es Lemony Snicket, que en realidad se llama Daniel Handler. La colección se compone de 13 libros de 13 capítulos cada uno. De momento sólo he leído 6. Lemony Snicket es un individuo que se siente acosado y perseguido mientras investiga la vida de los desgraciados huérfanos Baudelaire. Poco a poco vamos sabiendo datos de la vida del autor. Por ejemplo, que estuvo enamorado de una tal Beatrice, que ella se casó con otro y que el asunto finalizó, por supuesto, luctuosamente. (Aquí se podrían hacer tantas elucubraciones como con Lost. Las hay muy buenas. Por ejemplo, J. cree que Beatrice pudo ser la madre de los desafortunados huérfanos Baudelaire). Y aquí están, como prometí en una entrada anterior, las seis dedicatorias de los seis libros que conozco. Mi preferida es la quinta. Para Beatrice. Querida, encantadora, muerta. Para Beatrice. Mi amor por ti vivirá para siempre. Tú, sin embargo, no lo hiciste. Para Beatrice. Desearía fervientemente que estuvieras viva y bien. Para Beatrice. Mi amor voló como una mariposa hasta que la muerte se abatió sobre él como un murciélago. Como la poetisa Emma Montana McElroy dijo: «Esto es el fin de aquello». Para Beatrice. Siempre estarás en mi corazón, en mi mente y en tu sepulcro. Para Beatrice. Cuando nos conocimos, empezó mi vida. Poco después, terminó la tuya.

3/6/06

Tres tristes trozos de un avión

Pues sí, también he caído en Lost. Llevo 12 capítulos. Me presionaron tanto para verla, me hablaron tanto de sus flash-back, me sentía tan excluido de algunos círculos de conversación, que días antes de empezar a verla ya soñaba con ella. Cuando empezó el sueño no sabía que era Lost. Un niño de 8 años era el protagonista de la escena. Un día de barbacoas en chaletucos yanquis, todos los nenes de la urbanización revoloteando por allí, los papis hablando de esto y aquello. En cierto momento, al niño, su padre le regalaba un billete de avión. Y, de pronto, primer plano, sus dedos se hacían adultos y veíamos ese mismo billete, arrugado y descolorido, porque han pasado muchos años. El niño es un hombre y está en una isla con un avión destrozado a sus espaldas. Pero sigue conservando aquel otro billete de avión que le regaló su padre. ¡Eh, Abrams! ¿Me compras la idea?

2/6/06

Fortea

Y llegados a este punto, ¿quién puede resistirse a saber algo más? Una búsqueda rápida nos lleva a la página web del padre Fortea, el exorcista de Madrid: aquí . Merece la pena echarle un vistazo a algunos de los apartados. No voy a decirte que leas el sermonario pero las entrevistas son bastante… singulares. Supongo que hay que ser así de peculiar para dedicarse a ese trabajo.¿Todavía quieres más? Pues atención a esto: agárrate.

1/6/06

Erin Bruner

El papel de Laura Linney en El exorcismo de Emily Rose es el que más me gusta. No creo que importe mucho su agnosticismo. Lo interesante es que se da de bruces con un aspecto de la vida en el que nunca se había visto implicada. Sus reacciones son coherentes. Supongo que es indiferente si eres creyente, ateo o agnóstico. Eres abogado y de pronto tienes que defender a un exorcista: ¿de qué va eso?, ¿cómo se come?, ¿realmente pasan esas cosas?, ¿por dónde empiezo a defender el caso?, ¿hay sentencias anteriores? Pero sobre todo, lo más interesante y, a mi juicio, una inteligente decisión del director, es la presencia flotante del juicio anterior. Erin Bruner contempla el mal de forma distinta a como lo ha hecho hasta entonces. Porque los crímenes dejan de ser casos para convertirse en verdades objetivas.