
En 10 minutos hay planos aéreos, coches militares por el desierto, una misión humanitaria en un lugar bajo tiroteo, zonas derruidas, tensión conseguida, una explosión, efectos especiales logrados. Y más adelante veremos una persecución en coche por A Coruña que para sí la quisiera Bruce Willis en Manhattan.
La parte con menos acción, la que podría haber arruinado el ritmo, se salva muy bien por ese conflicto ético, verosímil y con fuerza dramática que acarrea el protagonista.
Por eso es una pena el final. Los convencionalismos del género no implican usar clichés. Los convencionalismos del género implican que una peli de acción tenga un final acorde con los esfuerzos del protagonista. Un cliché es que, como todas las pelis españolas acaban mal, también aquí hay que ser cenizo.
Una peli entretenidísima en la que yo iba pensando, una y otra vez, que sería una lástima estropear el final. Porque me lo temía. Y estropearon el final. Previsible.
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