
La peli tiene grandes momentos humorísticos. La reina Victoria como una psicótica anti-ecológica, Charles Darwin como un trapacero mentiroso o una Jane Austen parrandera colgada del hombre elefante. Uno se pregunta a qué vienen algunas cosas, pero tiene gracia.
El problema, claro, es que no sabes a qué vienen. El dodo cambiando de manos una y otra vez, convertido en el eje de la película, acaba por cansar. Así que, si miras la peli como una sucesión de gags, está bastante bien. Como guión, como desarrollo argumental, deja bastante que desear.
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