7/5/26

Rondallas

-No trapallees que cuando trapalleas la lías.
Qué buena. A ver: de éstas hacen en Francia una cada 15 días. Daniel Sánchez Arévalo se ha dado cuenta de que lo que funciona en un sitio funciona en otro. ¿O no? Así que nos vamos a Galicia.
Hace 2 años un barco naufragó y murieron 9 hombres. El pueblo no ha vuelto a ser el mismo. Luis piensa que participar en el concurso de rondallas puede ayudar a curar heridas, levantar los ánimos y devolver la alegría al pueblo. Pero para eso tendrá que trapallear.
Muy bien. Es un pueblo pequeño y todo se entrelaza. En la rondalla está todo el mundo, el que marisquea ilegalmente, la guardia rural que le multa, los que compran, venden. Está el mundo real que sigue su lógica y está la rondalla donde se aparca el mundo real y aparecen seres humanos unidos con el mismo objetivo.
Hay tres conflictos principales: Luis y Carmen, Elías y Andrea y, finalmente, los mellizos. Ahí se trenza la trama y se desarrolla, un poco de drama, unos toques de ternura, un poquito de humor. Un retrato de gente que lo ha pasado muy mal -sin ponerse extremos de cara al espectador- con ganas de superarse. Hay su punto de inflexión, la crisis demoledoara de tocar fondo pero, de nuevo, se remonta.
En ese sentido el guion es muy convencional. Supongo que no importa. Sigue la estructura que sabe que funciona. La ventaja es que se desarrolla sin cosas inverosímiles, con buen ritmo, sin estridencias. No hay nada forzado.
Tiene escenas muy buenas. El cortejo de flauta en el balcón, el guiño confeso a Karate Kid, esas conversaciones tan gallegas (si es que son conversaciones), las uvas, el autobús de vuelta, el número final de la rondalla…
Y encima está bien fotografiada y se han molestado en meter un ingeniero de sonido. Claro: la música juega un papel importante.
A ver si cunde el ejemplo y empezamos a hacer cosas bonitas que puedan triunfar fuera de las fronteras. Que no serán obras maestras, pero son resultonas. Peor era CODA (además de plagio) y le dieron un Oscar.

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